La infraestructura de clave pública (PKI) se basa en criptografía asimétrica: cada firmante tiene dos claves matemáticamente relacionadas. La clave privada —secreta, en posesión exclusiva del firmante— se usa para firmar. La clave pública —disponible en el certificado X.509— se usa para verificar.
Lo que se firma no es el documento completo, sino su hash SHA-256: una representación de 64 caracteres hexadecimales que cambia completamente si se modifica cualquier byte del documento original.
El resultado es una firma que es computacionalmente inviable de forjar sin la clave privada del firmante, y que invalida automáticamente cualquier modificación posterior.